ORIGEN DEL LÉXICO ESPAÑOL

Diciembre 2, 2007 por buscatesoro3

Origen y organización del léxico español

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De Wikillerato

El léxico más antiguo del español está constituido por un pequeño grupo de fósiles lingüísticos prerromanos, en especial vascos (izquierdo), ibéricos (barro, barda, embadurnar, gordo, muñeca, incluso algún antropónimo, como Indalecio) y celtas, bien a través del galo (abedul, alondra, braga, cabaña, camino, camisa, carpintero, carro, cerveza, legua, saya, vasallo), pero fundamentalmente a través del latín (brezo, brío, bota, berro, gancho, greña, légamo, losa, serna), porque los romanos conquistaron Hispania en el año 206 a. C. y la conservaron durante siglos. Es pues una lengua románica, romance o neolatina, que deriva del latín vulgar (no del latín culto) hablado por la gente más común del condado de Castilla. Sin embargo la inestabilidad del imperio romano provocó las invasiones bárbaras del año 409 d. C., en que entraron en la Península diversos pueblos germánicos, como suevos, vándalos y alanos, aunque apenas se quedaron, salvo los suevos, que fundaron un reino en Galicia que duró casi un siglo; cayó el Imperio Romano de Occidente y en el siglo VI entraron los visigodos, que crearon un reino en España con capital en Toledo; ello motivó la introducción de diversos germanismos de una lengua que ocupaba una posición privilegiada de superstrato: heraldo, robar, ganar, guisa, guarecer, albergue, amagar, embajada, arenga, botar, bramar, buñuelo, esquila, estaca, falda, fango, grapa, manir, moho, rapar, ronda, rueca, truco, trucar, parra, ropa, ganso, jardín, aspa, guardia, espía, tapa, brotar, yelmo etcétera; en general, vocablos relacionados con el oficio militar de los conquistadores, así como algunos rasgos morfológicos: el sufijo -engo, y gran número de antropónimos como Fernando, Gonzalo, Enrique, Rodrigo etcétera. Pero el reino visigodo cayó en poder de los árabes cuando estos invadieron España el año 711, lo que dio lugar a lo más propio y específico del español respecto a otras lenguas neolatinas en cuanto a su léxico: un gran caudal (cuatro mil voces de uso frecuente) de origen árabe o arabismos que no tienen correlato parecido en otras lenguas románicas que han optado por el término de origen latino al no contar con el superstrato árabe: vocabulario relacionado con la agricultura, como noria, acequia, arroba, azadón, alfalfa, alcachofa, acequia, albaricoque, algodón, azúcar, zanahoria, aceituna, naranja…; con la fauna, como jabalí, alcaraván, alacrán…; con la jardinería, como alhelí, azucena, azahar; con la construcción, como albañil, alfarero, zaguán, azotea, , aljibe, alcoba, tabique, alcantarilla, azotea, azulejo; con la ropa, como alfombra, taza, almohada, tarima, albornoz; con las ciencias, como álgebra, guarismo, algoritmo, alcohol, alquitrán, talco, cero, jaqueca, alcohol, cifra, jarabe, azufre, alambique, alquimia, cenit, nadir, azimut… Este vocabulario sobre todo científico fue acomodado al castellano gracias a la gran obra cultural de Alfonso X el Sabio, quien mandó traducir numerosas obras científicas árabes al castellano. Al árabe se debe además el sufijo (alfonsí, magrebí, israelí), algunos nombres propios como Almudena, Ismael, Fátima, diversos topónimos como Almadén, Gibraltar, Tarifa o hidrónimos como Guadalete, Guadalquivir, y, acaso, cierta influencia en la velarización fuerte de nuestra jota, el fonema /x/, en casos como la pronunciación de la s- inicial latina en j- como en jabón del latín saponem.

Sin embargo, algunas de las características diferenciales del léxico castellano, como la corrosión de la F- inicial latina, (así del latín farina > harina en castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en francés y faina en rumano), la preferencia por un sistema de cinco vocales, la ausencia del fonema labiodental /v/, La introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro, cazurro, guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y ajeno al latín y a todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos definidores del sistema fonético español, como otros rasgos que provienen del adstrato vasco. En su desarrollo histórico, la lengua española ha ido además adquiriendo, como otras lenguas de amplio curso, diversos préstamos léxicos, de los cuales los más singulares y específicos son los que provienen de las lenguas indígenas americanas, denominados genericamente americanismos, aunque las lenguas indias que proporcionaron estos vocablos son muy diferentes, con preferencia por las antillanas, ya que fueron las primeras regiones colonizadas por España y, por tanto, muchas de las nuevas realidades fueron marcadas desde entonces con vocablos de las lenguas habladas allí: piragua, enagua, caimán, cacahuete, maíz, bejuco, quina, coca, alpaca, vicuña, puma, cóndor, caribe, cigarro, mate, gaucho, petate, petaca, tiza, hule, macuto, butaca, guateque, tiburón, huracán, tomate, patata, chocolate, cacao, tabaco, hamaca, cacique, canoa, ceiba… muchos de estos vocablos pasaron además a las otras lenguas a través del español como lengua puente. Inversamente, algunos vocablos del español pasaron a las lenguas indígenas americanas. Otros préstamos léxicos vinieron al castellano de franceses (galicismos), algunos muy antiguos, como pendón, vianda, emplear, deán, canciller… y la misma palabra español; otros vinieron con el Grand Siècle, el XVIII: vocabulario relativo a la moda, como tisú, frac, levita, blusa, chaqué, pana, organdí, franela, piqué, peluquín, sostén, chal…; relativos a la cocina, como menú, puré, restorán, bombón, escalope, croqueta, paté, suflé, panaché, consomé; relativos a la burocracia y la política, como buró, carné, ordenador, comité, complot, rutina; referidos a deportes y espectáculos, como amateur, palmarés, entrenar, ducha, debut, higiene, reportaje, cronometraje, kilometraje, turista, chándal, pilotaje, descapotable, garaje, avión, esquí, aterrizaje, braza, cabina, marcaje, rodaje, bicileta, pelotón, filme, filmar, doblaje, claque, reprise, ruleta, acordeón, cotillón, vodevil y otros. Algunos son curiosos, pues son hispanismos que volvieron a España desde el francés, como popurri, de pot pourri, olla podrida. Del Reino Unido y Estados Unidos vinieron los anglicismos; antiguos son sur, este, oeste; en el siglo XIX se usaban ya club y dandy, y en los siglos XX y XXI hay una auténtica invasión de términos, muchos de ellos ociosos, ya que poseen correlato en español, relativos sobre todo a la tecnología, los deportes, la economía y los espectáculos: transistor, internet, striptease, gabardina, clip, bloc, revólver, rifle, bulldog, perrito caliente, gol, chutar, fútbol, póker, boxeo, tenis, récord, sprint, golf, ring…; de Italia los italianismos, algunos de ellos bastante antiguos (del XIV son florín, cañón, consorcio), pero sobre todo en el Siglo de Oro: soneto, cuarteto, novela, bandido, bando, caporal, coronel, batallón, escopeta, mosquete, madrigal, terceto, capricho, diseñar, bisoño, esbozo, festejar, fragata, escolta, diseñar, modelo, cartón, medalla, zarpar, carroza, pista, hostería, valija etcétera; penetran regularmente, y en el siglo de la ópera, el XIX, penetran con fuerza batuta, diva, melodrama, partitura, solista, vocalizar etcétera; de Portugal vienen los lusismos (chubasco, carabela, mermelada, caramelo, mejillón, ostra), de Cataluña los catalanismos (capicúa, alioli, paella, entremés, butifarra, anís, forastero), de las provincias vascongadas los vasquismos (boina, izquierdo), de Holanda los neerlandismos (canica, amarrar) y de Japón los japonesismos (katana, sake, manga, biombo, kimono, sushi, samurai, ikebana, judo, harakiri, origami, kárate, kabuki, geisha, haikú, tanka, kamikaze, bonsai, karaoke…).

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REPASAMOS LEXICOLOGÍA Y SEMÁNTICA

Septiembre 20, 2007 por buscatesoro3

LEXICOLOGÍA Y SEMÁNTICA

PULSA SOBRE ESTE DIBUJO PARA EMPEZAR:

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Doy las gracias a Laura Ríder, de 3º D, por esta dirección donde se habla de los chistes basados en la lengua y se ponen ejemplos:

http://www.materialesdelengua.org/aula_virtual/humor/chiste.htm

Aprende léxico con las siguientes actividades:
Primera.
Segunda.

OTRA PÁGINA MUY INTERESANTE:

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En el blog del IES GRAN CAPITÁN, se recoge un texto muy interesante sobre los anglicismos y el español: http://www.iesgrancapitan.org/ticagora/?p=23

 

EJERCICIO SOBRE MONEMAS Y TIPOS DE PALABRAS

Pulsa sobre el enlace que hay debajo y entra en ACTIVIDADES, tema 1, haz los ejercicios de los objetivos 2, 3 y 4, en todos sus niveles:

  dossier.png

http://www.latizavirtual.org/castellano/ciclo_2/ciclo_2.html#

Ten en cuenta que a lo que en el ejercicio se llama morfemas obligatorios o constitutivos es a lo que nosotros hemos llamado morfemas desinencias o gramaticales.

 

TABÚES VERBALES y EUFEMISMOS

Transcribo un artículo respecto a las palabras “prohibidas”. Está tomado textualmente del blog “palabrotas”, de Jorge Jiménez, profesor de español. http://comunidad.uem.es/jjimenez/categoria/lengua

“Nuestra cultura (y el resto) están llenas de tabúes, acciones que no podemos realizar o palabras que no podemos decir sin ofender a alguien o conjurar la mala suerte. Al no poder nombrar el tabú, buscamos otro término en nuestro propio idioma u otro extranjero en lo que acaba siendo uno de los mecanismos del cambio lingüístico. A veces, actos tan cotidianos como comprar la fruta se convierten en un excelente catálogo de dicho mecanismo.

La manzana sana y moderna de AppleManzana. Rica y cotidiana fruta. Los estadounidenses dicen «una manzana al día, mantiene al médico lejos», en general, tiene una excelente imagen asociada a la salud («sano como una manzana») y lo innovador (el icono de Apple, sin ir más lejos), pero no fue así hasta hace poco tiempo. Si hacemos una búsqueda en el corpus diacrónico del profesor Mark Davis, «manzana» no aparece en ningún texto hasta entrado el siglo XVII. En el CORDE de la RAE no aparece hasta 1903. ¿Acaso es que no había manzanas antes? Sí, claro que sí había, pero se las llamaba «peros», aún hoy se les llama así en algunos lugares. ¿Por qué dejamos de nombrarlas «peros» para llamarlas «manzanas» y, de paso, cambiarles el género?

la culpa es de la manzana

Como suele ocurrir en estos casos, la religión tiene la culpa. La manzana, a los ojos de los habitantes de principios de la edad moderna, está asociada al pecado (la comió el inocente Adán por ofrecimiento de la maquiavélica Eva), al diablo, a los enemigos de la religión cristiana: los judíos que hacen ostentación de su consumo para testimoniar su filación satánica. Tanto es así que en algunos textos renacentistas se les llama «peros». La palabra deja de designar a una fruta para convertirse en un adjetivo al que nadie quiere hincar el diente. Rápidamente hay que buscar una nueva palabra, se mira al latín (como no podía ser de otra forma en el siglo XVI) y se rescata el «mazana» del latín «MATIANA». Todos contentos. El único problema es que el étimo latino también era un adjetivo que significaba «mala»… Otro síntoma de los tabúes es que nunca nos podemos librar de ellos.

¿Acaso cre�a que el logo de Pacha era casualidad?Sigamos con la fruta. Cereza: pequeño fruto, de rojo intenso que suele crecer por pares unidos. ¿Acaso no están claras las referencias sexuales?, pues en el Renacimiento sí las veían, por eso sus artistas la usaron profusamente para simbolizar la voluptuosidad, el deseo sexual y los placeres en general (véanse los cuadros de El Bosco debajo). Se convirtió en un nombre tabú del que hemos perdido ya la referencia directa. De nuevo, se recurrió al mundo clásico, para pasar de la «guinda» que los visigodos habían dejado en Hispania —a su vez de wīksĭna, (por cierto, de dónde también procede «guindilla»)— al CERESIA, en latín vulgar, que dio «cereza». Si no me creen, busquen, busquen en los mencionados corpus y verán que no es hasta el XIX cuando empieza a usarse con profusión de derecha a izquierda del español.

Imagen de El jard�n de la delicias de El Bosco La nave de los locos de El Bosco, el cura y la monja comen las cerezas sobre la mesa

Por cierto, «izquierda», otro fruto del tabú. En latín tenemos DEXTER y SINISTER, que dan «derecha» y «siniestra» respectivamente. Como saben, en español «siniestro» ha quedado para enunciar a todo aquello que tiene que ver con, de nuevo, el diablo, como la mano izquierda. Los que han sido zurdos antes de los años 80 me entenderán. Pero en este caso, no se recurrió al latín renacentista para enmendarlo. El tabú coincide con la cristianización a finales del Imperio romano de las tierras del norte peninsular de habla, o fuerte presencia cultural, vasca. Así que los recién cristianizados deciden que se van a quedar con el «ezquerra» vasco para no tener que utilizar el término latino que representa lo malo. Buena gana de conjurar la mala suerte.

Los cuernos, si son satánicos, con la izquierda

Hoy en día, el mecanismo sigue actuando sin parar. A algunos tabúes los llamamos con el calco del inglés: «lo políticamente correcto». ¿Se le ocurre algún término que usted no use por superstición o temor a ofender que incorporar a la pequeña lista?